Hoy día, las grandes casas cosméticas cada vez están más cerca de descubrir el secreto para detener los efectos del paso del tiempo en la piel. Ahora es fácil decirles adiós a manchas, arrugas, pliegues de expresión y flacidez gracias a productos de última generación.
Los efectos del paso del tiempo cada vez se notan en la piel a más temprana edad. Si bien, hasta hace unos años la batalla contra el envejecimiento comenzaba a partir de los 30 años, ahora es necesario ponerse al frente del asunto desde temprana edad. La contaminación, las implacables consecuencias del sol, el estrés y los hábitos de vida contemporáneos han roto el umbral... la deshidratación y la pérdida de colágeno y elastina cada vez pasan cuenta de cobro con mayor anticipación.
Pero, aunque podría pensarse que el sueño de la juventud eterna cada vez es más lejano, gracias a los adelantos de la ciencia cosmética, hoy estamos más cerca del milagro. Y, lo mejor, con productos que relegan al bisturí y trascienden el concepto de receta de laboratorio para convertirse en toda una fiesta para los sentidos.
La revolución antiaging ha comenzado y, su primera meta es la erradicación de los radicales libres. Estos no son más que moléculas inestables de oxígeno que surgen como residuo de los procesos metabólicos normales del organismo pero que, en exceso, producen inflamación y, en consecuencia, enfermedades y alteraciones propias del envejecimiento.
Por eso, el truco número uno para contrarrestar la acción de los radicales libres en la piel es leer las etiquetas de los productos. Sin embargo, la mayoría de los cosméticos específicos que alardean con ser la solución definitiva contra las arrugas, la flacidez, la falta de contorno y las manchas suelen bombardearnos con una lista de ingredientes que prometen ser las sustancias que jamás lograron encontrar los alquimistas: cafeína, centella asiática, té verde, plantas de java, extractos volcánicos y hasta caviar... ¿Cómo no entrar en pánico ante tal avalancha de información y elegir la fórmula adecuada?
El secreto está en elegir productos con principios activos protectores, antiinflamatorios y nutritivos. De estos, los que han demostrado verdadera efectividad son los retinoides, los ácidos AHAs y BHA (como el glicólico o el láctico), las vitaminas E, C, B5 y D, los lípidos fisiológicos, los extractos vegetales, el zinc, los péptidos, la argilerina, el ácido salicílico, el peróxido de benzoilo y el óxido de zinc.
Vale la pena aclarar que existen dos tipos de productos que se ponen a la vanguardia de la cosmética antiedad. Por un lado están los de efecto inmediato, los cuales no son más que dispersiones con polímeros y polvos micronizados que reaccionan al contacto con la epidermis y, alisan, tensan, suavizan, iluminan y emparejan en cuestión de segundos; la transformación es casi milagrosa. Por otro, están los ultranutritivos que alimentan la piel, compensan las carencias típicas de la edad y estimulan la producción de una serie de sustancias indispensables para potenciar el metabolismo celular.
De adentro hacia afuera
No existen pócimas milagrosas sin hábitos de vida saludables. Está comprobado que sólo puede verse bien quien come bien... Los mejores coadyuvantes en la lucha contra las arrugas se encuentra en un solo lugar: la despensa. Solo la dieta brinda la base de la regeneración de las mitocondrias, el verdadero corazón de las células. Por eso, el menú de la juventud está compuesto por 6 alimentos esenciales: las proteínas, los ácidos grasos omega 3 (nueces, semillas de lino, aguacate y pescado azul), los carotenoides (pigmentos
que dan color a frutos como el tomate y la espinaca), los flavonoides que protegen las membranas celulares, los alimentos verdes y, aunque sea difícil de aceptar por los acérrimos defensores de las dietas de adelgazamiento desequilibradas, los carbohidratos, pues estos son la fuente de energía celular.
Pero, aunque podría pensarse que el sueño de la juventud eterna cada vez es más lejano, gracias a los adelantos de la ciencia cosmética, hoy estamos más cerca del milagro. Y, lo mejor, con productos que relegan al bisturí y trascienden el concepto de receta de laboratorio para convertirse en toda una fiesta para los sentidos.
La revolución antiaging ha comenzado y, su primera meta es la erradicación de los radicales libres. Estos no son más que moléculas inestables de oxígeno que surgen como residuo de los procesos metabólicos normales del organismo pero que, en exceso, producen inflamación y, en consecuencia, enfermedades y alteraciones propias del envejecimiento.
Por eso, el truco número uno para contrarrestar la acción de los radicales libres en la piel es leer las etiquetas de los productos. Sin embargo, la mayoría de los cosméticos específicos que alardean con ser la solución definitiva contra las arrugas, la flacidez, la falta de contorno y las manchas suelen bombardearnos con una lista de ingredientes que prometen ser las sustancias que jamás lograron encontrar los alquimistas: cafeína, centella asiática, té verde, plantas de java, extractos volcánicos y hasta caviar... ¿Cómo no entrar en pánico ante tal avalancha de información y elegir la fórmula adecuada?
El secreto está en elegir productos con principios activos protectores, antiinflamatorios y nutritivos. De estos, los que han demostrado verdadera efectividad son los retinoides, los ácidos AHAs y BHA (como el glicólico o el láctico), las vitaminas E, C, B5 y D, los lípidos fisiológicos, los extractos vegetales, el zinc, los péptidos, la argilerina, el ácido salicílico, el peróxido de benzoilo y el óxido de zinc.
Vale la pena aclarar que existen dos tipos de productos que se ponen a la vanguardia de la cosmética antiedad. Por un lado están los de efecto inmediato, los cuales no son más que dispersiones con polímeros y polvos micronizados que reaccionan al contacto con la epidermis y, alisan, tensan, suavizan, iluminan y emparejan en cuestión de segundos; la transformación es casi milagrosa. Por otro, están los ultranutritivos que alimentan la piel, compensan las carencias típicas de la edad y estimulan la producción de una serie de sustancias indispensables para potenciar el metabolismo celular.
De adentro hacia afuera
No existen pócimas milagrosas sin hábitos de vida saludables. Está comprobado que sólo puede verse bien quien come bien... Los mejores coadyuvantes en la lucha contra las arrugas se encuentra en un solo lugar: la despensa. Solo la dieta brinda la base de la regeneración de las mitocondrias, el verdadero corazón de las células. Por eso, el menú de la juventud está compuesto por 6 alimentos esenciales: las proteínas, los ácidos grasos omega 3 (nueces, semillas de lino, aguacate y pescado azul), los carotenoides (pigmentos
que dan color a frutos como el tomate y la espinaca), los flavonoides que protegen las membranas celulares, los alimentos verdes y, aunque sea difícil de aceptar por los acérrimos defensores de las dietas de adelgazamiento desequilibradas, los carbohidratos, pues estos son la fuente de energía celular.
